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Hoy en día, está en casi pleno apogeo una tendencia que nos parece cuanto menos curiosa. Se trata del retrobranding, una nueva forma de hacer marca, basada en una premisa fundamental: convertir lo viejo en algo nuevo, pero que recuerde al pasado.
A pesar de que parezca difícil hacer esta relación, es una práctica que está surgiendo en el mundo del marketing, y sobre todo, de las marcas. La razón de ello es que el retrobranding puede lograr una fidelización consolidada por parte del consumidor.
¿Cómo? A través de la evocación de la nostalgia. Los consumidores tienden a idealizar el pasado y proyectan sus sentimientos en productos que le recuerdan a tiempos mejores. Por eso, hoy en día se busca ser una marca que se transmita entre generaciones. Los motivos hippies, siluetas o notas de música jazz pueden ayudar a que una marca sea retro. Pero esto no quiere decir que con cuatro flores antiguas en el logo consigamos esa retro-juventud. Estas prácticas requieren de un fuerte posicionamiento estratégico, por lo que se debe profundizar en el origen de la empresa y cuestionar si es necesario utilizar el origen para renovarse. Por eso, si se hace un proyecto de retrobranding, aconsejamos conectar el pasado del producto con el presente del consumidor, redescubrir características del producto/servicio que estaban olvidadas, y resaltar valores pasados a través de la imagen, el espacio y todo aquello que revolucione los cinco sentidos. |